YAHVEH, YAHWEH, YAVÉ, JEHOVÁ

Cuando Moisés se encuentra con el Dios de sus padres en Horeb, monte de Dios (Ex.3:1-2), jamás se imaginó que a partir de ese momento el Señor dejaría una marca indeleble tanto en este hombre de ochenta años, como en Su pueblo quien aprendió quién era y es YAHVÉH y qué significa para "los llamados de Su nombre" (Is.43:7) a través de todas las edades llevar ese Nombre inefable entretejido entre las fibras del alma, el espíritu, el corazón y la vida.

Moisés apacentaba a las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Horeb significa desolación, destrucción, tostar, abrasarse de calor y por ende sequía, muerte, decadencia, derroche, pérdida, decaimiento, basura, despojo, desperdicio, desgaste, desplomado, yermo, asolado, desechado, arruinado, inútil, malgastar, desgastar, devastar, perderse, consumirse, mermar. Ahí, en Horeb, monte del Dios del Pacto, Elohim estaba esperando a Moisés.

El viejo pastor encarnaba en sí mismo las penas y angustias de su pueblo dejado atrás en Egipto, ciertamente no era un esclavo que hacía ladrillos de paja para fabricar ciudades, pero estaba alejado de todo aquello que había amado y que eran sus raíces. Estaba en un desierto, exiliado por su propio pecado y osadía. Pero Elohim lo esperaba en el sitio que describía claramente el estado del corazón de Moisés y más tarde el de todos los israelitas, lo esperaba en el Monte de la Desolación, Monte de Dios, pues no hay mejor sitio para saber que Dios es el que tenemos, adoramos, honramos y seguimos que cuando estamos agobiados por la desolación.

Como siempre, el Dios del Pacto toma la iniciativa y se muestra en una llama de fuego al que sería el más manso de sus siervos. "Yo soy el Elohé de tu padre, Elohé de Abraham, Elohé de Isaac, y Elohé de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Elohím". Aquel hombre sabía quién era el Dios de su padre, por eso tuvo miedo de ver el rostro de Aquél que había hecho un pacto eterno con los hebreos. Pero su temor se hizo más grande cuando el Todopoderoso le dijo a ese oscuro pastor que era el elegido para sacar a los israelitas de su cautiverio. Tan contundente era el llamado, que Moisés esgrimió varias objeciones, las cuales una a una fueron desmanteladas.

Una de ellas fue: "He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Elohé de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?"

¿Acaso el pueblo de Dios había olvidado quién era su Dios, que necesitaba información objetiva? Por supuesto que no, Moisés sabía y asumía que sabrían también los hebreos quién era el Elohím de Israel. Al preguntar su nombre a Elohím no se refería a un mero vocablo por el cual se distingue una persona de otra. Moisés estaba preguntando al Portador de ese Nombre cual era la esencia de su personalidad, de su carácter, de su mismo ser. Preguntar y conocer el Nombre era entablar una relación con el Ser mismo de la persona, con el Ser mismo de Dios. La pregunta del futuro libertador en realidad significaba "¿Cuál es la relación de Dios para con su pueblo? Fue el ´Dios de sus padres´; ¿quién es ahora?"

La respuesta de Dios, que en nuestras Biblias se traduce como "Yo soy el que soy o Yo estoy donde estoy", parece una evasiva, y por tanto una negativa de responder la pregunta. Pero nada más alejado de la verdad. La frase hebrea proviene de una frase idiomática por la cual algo se define en función de sí mismo, que se emplea cuando el que habla no desea ser más explícito o bien no tiene medios para ello. De modo que puede expresar algo indeterminado, pero también puede expresar totalidad o intensidad. En ese sentido, "Yo soy el que soy" significa "YO SOY EL QUE DEVERAS ES", "YO SOY EL QUE DEVERAS ESTÁ" es decir, "Yo soy el que está (para ustedes), verdaderamente presente, dispuesto a ayudar y actuar".

De ahí que cuando Dios continúa hablando con Moisés le diga: "Yo soy Yahvéh. Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente (El Shaddai), mas en mi nombre YAHVÉH no me di a conocer a ellos". Ex. 6:2-3. ¿Por qué dice esto? Porque los patriarcas jamás estuvieron desesperados y en tal sentido de indefensión como lo estaba ahora el pueblo israelita y aún el mismo Moisés y eso es completamente evidente cuando el Señor dice: "Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche miel... El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen".

Dios, al revelar Su Nombre a Moisés dijo exactamente las palabras que necesitaba y anhelaba escuchar el pueblo de Dios en ese momento, y por cierto a lo largo de toda su historia. Al pronunciar Su Nombre para ser conocido, YAHVÉH declara que Él no se oculta, sino que se manifiesta a la humanidad y que se ha hecho accesible en comunión y como Salvador.

Hay algo más, cuando la Escritura dice: "Mas en mi nombre Yahvéh no me di a conocer a ellos". "Conocer" en el Antiguo Testamento iba más allá de obtener y poseer simple información. Conocer significaba un activo gozo y alegría de estar en amistad, armonía, camaradería, hermandad, respeto mutuo, admiración, amor, alegría, paz, con la persona que se conocía. Y qué más gozo que tener de defensor en tiempos de agonía, sequía y desolación a Aquel cuyo nombre es "Yo soy el que está para ti, verdaderamente presente, dispuesto a ayudarte y actuar a tu favor, amado mío". YAHVÉH es el que ayuda a Su pueblo y derrota a sus adversarios.

YAHVÉH es el nombre más empleado en el AT (6499 veces nuestro amado Señor nos dice que Él es el que verdaderamente está por nosotros). No se trata de un sustantivo, sino de un calificativo que, en hebreo, muestra al Dios que se relaciona con el hombre, y que le quiere dar Su propia vida.

El Nombre amado se representa en forma de un tetragrama YHVH. Éste es el Nombre inefable, que los judíos no tenían derecho alguno a pronunciar, y que debían sustituir en la lectura del texto sagrado por Adonai ( mi Señor). Yahvéh significa "Aquél que verdaderamente es". En este Nombre encontramos a la vez la afirmación del Ser eternamente presente (Yo soy), que está en el origen y al final de toda existencia, Dios único, incomparable, sin limitaciones, y la afirmación moral y espiritual de la fidelidad divina. YAHVÉH es raíz de ser y vivir. La inmortalidad, la verdad y la fidelidad quedan reunidas en YAHVÉH.

Cuando el hombre se relaciona con YAHVÉH, y le conoce por ese Nombre, lo que hace es depositar su vida en manos Aquél que es el Único capaz de redimirlo a través del pacto para poder salvarle de sus pecados. Esta redención y salvación tienen su plenitud en el Hijo de Dios, Jesús el Mesías, pues el Nombre que es sobre todo nombre, Jesús significa: "YAHVÉH SALVA".

Bibliografía:

Panorama Histórico de Israel, León Wood.

Editorial Caribe.

Nuevo Diccionario Bíblico, primera edición en castellano.

Ediciones Certeza.

Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado.

Editorial CLIE.

Strongs´s, Exhaustive Concordance of the Bible.

James Strong, S.T.D., LL.D.

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Panorama del Antiguo Testamento.

Sanford, Hubbard and Bus.

Editorial Libros Desafío.

The Holy Scriptures of the Old Testament

Hebrew and English

The British and Foreign Bible Society.

The Brown-Driver-Briggs

Hebrew and English Lexicon

Hendrickson Publishers

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Gesenius

Tregelles

Editorial Eerdmans.

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